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El sábado 12 de diciembre se vivió la emocionante jornada de cierre de la Comunidad de Jóvenes Emprendedores y de la Comunidad de Programadores Robóticos de Fundación Telefónica, en la que participaron cerca de 200 personas, entre estudiantes, tutores, familiares y otros invitados.

Ambas iniciativas reunieron cada sábado, desde mayo a diciembre, a jóvenes de enseñanza media de entre 13 y 17 años, quienes desarrollaron diversos talleres en Espacio Fundación Telefónica.

La Comunidad de Programadores Robóticos (CPR) fue una instancia en la que los participantes tuvieron la oportunidad de incorporar conceptos de diseño, programación y electrónica, integrando tecnología de software y hardware libre a través de Arduino. El propósito fundamental fue crear un prototipo robótico en grupo, a través de la práctica del proceso de diseño, el desarrollo de una comunicación efectiva y la representación de distintos roles dentro del equipo para lograr la meta.

Por su parte, la Comunidad de Jóvenes Emprendedores (CJE) reunió a jóvenes interesados en potenciar las competencias del siglo 21 y desarrollar sus ideas en proyectos de emprendimiento factibles. Quienes formaron parte de la comunidad tuvieron acceso al programa de formación Emprende-T, que consiste en 9 talleres presenciales y 5 módulos virtuales, donde se enseñaron contenidos para desarrollar su proyecto. Los estudiantes trabajaron su creatividad, buscaron soluciones a problemas y desarrollaron otras actividades para concretar sus ideas.

La actividad del día sábado partió con la bienvenida de Paulina Gutiérrez, jefa de proyectos de Infancia y Juventud de Fundación Telefónica, quien comentó el gran impacto que tuvo para la Fundación la realización por más de 25 semanas de estas dos comunidades. Destacó además el gran compromiso y entusiasmo demostrado por los jóvenes, quienes trabajaron incluso fuera de las sesiones en grupo para concretar sus proyectos.

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Diego Jeria, uno de los tutores guías de la Comunidad de Programadores Robóticos, detalló a continuación cuáles fueron las etapas formativas por las que pasaron los estudiantes, la conformación de los equipos de trabajo, las primeras introducciones a la programación y la robótica, los problemas y dificultades que se les presentaron y que pudieron superar para, finalmente, definir el prototipo en el que trabajaron durante el año.

Las presentaciones de los grupos comenzaron con el equipo C3PIO, integrado por César Núñez, Felipe Villalobos, Matías Lagos, Alejandro Castillo y Marcela González. Su prototipo es un animatronic que simula gestos del rostro humano y que es controlado mediante una interfaz gráfica diseñada en Scratch.

El grupo Monster Rangers, integrado por Franco Balbiano, Juan Gómez, Daniel Espinoza, Pedro Garrido e Ian Alarcón, armó un brazo robótico programado con Arduino que puede tomar un recipiente que se ubique al final de una cinta transportadora.

The Secret Family, formado por Mariela Flores, Diego Lafuente, Sebastián Aburto, Sebastián Arzola, José Runin y Paula Díaz, presentó el prototipo de un dispensador líquido que cumple la función de llenar envases plásticos en formatos de 50 ml y 100 ml, controlado a través de una placa Arduino.

Afrika Korps, formado por Valeria Lea-Plaza, Gabriela Andrade, Camila Soto, Maximiliano Schuster, Matías Delis e Igor Peralta, construyeron una retroexcavadora con material reciclado, controlada mediante Arduino y manipulada a través de Bluetooth desde un dispositivo móvil.

El equipo LDW, integrado por Amanda Jara, David Sanhueza, Andrés Fonseca, Fernando Lira y Lukas Romero, diseñaron y programaron un particular despertador, que incluye una mano y un visor con una frase programable para despertar.

The Super Powers, formado por Andrés Leiva, Kayli Artigas, Javiera Poblete y Cosntanza Seguel, construyeron una mesa equilibradora, la cual consiste en una plataforma sostenida en 6 servomotores que, mediante un sensor y programada con Arduino, controla el movimiento de un objeto que se coloque sobre la plataforma para que siempre esté en el centro.

El equipo The killer Ones, formado por Diego Soto, Diego Gallardo, Francisca Reyes y André Aqueveque, construyeron un mini invernadero portátil, en el cual se controlan las variables de humedad, temperatura y luminosidad a través de una placa Arduino.

Finalmente, el equipo Kruger MLG de Bruno Corcione, Sebastián Altmann, Camilo Ibarra y José Vargas diseñó y construyó una guitarra basada en el videojuego Legend of Zelda.

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En las presentaciones de sus proyectos, los ocho equipos destacaron como una de las principales enseñanzas de la comunidad el haber vencido la timidez para trabajar en equipo, superando sus diferencias y dificultades como grupo. Varios de ellos mencionaron también que los conocimientos de diseño, robótica y programación que aprendieron pudieron aplicarlos en sus propios proyectos escolares. Un hito que mencionaron también fue la jornada en que ambas comunidades se juntaron y trabajaron en forma colaborativa.
Todos además agradecieron a sus tutores, quienes siempre los motivaron y apoyaron: Jorge Vergara, Leonel Contreras, Leonardo Lagos, Javier Hanemann, Jonattan Silva, Guillermo Cáceres y Matías López.

A nombre de los tutores, Jorge Vergara felicitó a todos los participantes y destacó la perseverancia, compromiso y superación de la frustración que demostraron durante el año. “Para nosotros como tutores fue siempre una gran motivación recibirlos cada sábado, reconociendo un compromiso y una alegría que nos llenó de satisfacción y ganas de seguir compartiendo la experiencia, tan enriquecedora para todos”, comentó, invitándolos a participar de una nueva experiencia en robótica durante el próximo año.

Nadia Barreto, coordinadora de la comunidad, destaca la manera en que se fue consolidando el sentido de comunidad a lo largo del año, a partir del aprender haciendo, de la conformación de equipos de trabajo, donde los jóvenes y los tutores especialistas trabajaron compartiendo conocimientos o habilidades en pos de un proyecto conjunto. “Los aprendizajes sobre programación, electrónica y desarrollo de proyectos fueron la excusa y el contexto dentro del cual cada integrante fue vinculándose con otros a partir de la necesidad de comunicarse, de crear, de resolver problemas. Me fue grato constatar que estos objetivos, que son aquellos que perseguimos desde Fundación Telefónica, se transformaron en parte de la autorreflexión de los participantes, quienes reconocieron haber transitado por una experiencia que los fortaleció en otros ámbitos de su vida, traspasando el espacio de la Comunidad”.

Dentro de la ceremonia, luego fue el turno de las presentaciones de la Comunidad de Jóvenes Emprendedores.

Marisol Horta, tutora de la comunidad, detalló cuáles son los objetivos de esta instancia formativa. Destacó que los contenidos de emprendimiento, innovación y competencias del siglo 21 que se imparten, tales como creatividad, trabajo en equipo, liderazgo, pensamiento crítico, entre otras, son fundamentales para la formación de los estudiantes, ya que son habilidades que no se encuentran en la educación formal.

Comentó además cuál fue el proceso que vivieron como grupo, en el que muchas ideas se debieron encauzar para plantear soluciones concretas a los problemas sociales que detectaron, y cómo a partir de estas soluciones generaron oportunidades, añadiendo valor e innovación a sus ideas. Finalmente, los felicitó por la perseverancia y esfuerzo demostrados durante el año.

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Por segundo año consecutivo, los estudiantes que aprobaron el programa de formación de la comunidad participaron en el Concurso de Emprendimiento Juvenil de Fundación Telefónica.

El primer grupo en presentarse en el concurso fue el de las estudiantes Anita Muñoz y Yesabel Fuentes, quienes mostraron su proyecto “R.D.A, reutilizador de agua”. El proyecto busca crear un dispositivo recolector del agua usada en la ducha o el lavamanos para reutilizarla como carga adicional en el W.C. La idea es disminuir el consumo de agua en el hogar.

El proyecto “New Bip” de John Vásquez, Gabriel Soto y Juan Pablo Bastías, propone rediseñar la experiencia de uso de la tarjeta Bip, ofreciendo al usuario un momento lúdico y distendido al interactuar con los tótems de validación de pasaje, para apoyar las campañas anti evasión.

“Train yourself” de Kevin Aracena, Iván González, David Campos, es un proyecto que propone la creación de una estación de ejercicios interactiva, ubicada en algún espacio público de alto tráfico, por ejemplo estaciones de metro o malls.

Luego fue la presentación de Karen Urrea, quien junto a Yuvani García y Williams Rogel crearon el proyecto “Diverticlaje”, que propone el rediseño de los clásicos botes de basura de reciclaje, ofreciendo una experiencia lúdica e interactiva.

Sarai Olivos, Moisés Pizarro y Luis Valdivia presentaron “Guide Blind”, proyecto que atiende la necesidad de la población no vidente de recuperar su autonomía, ofreciendo a sus usuarios un servicio de guía remoto mediante un dispositivo auditivo con conexión GPS.

La formación de un nuevo referente de información y discusión de la reforma educacional chilena, mediante una plataforma web que propicie el debate y la construcción de ideas es la propuesta de Karla López, Belén Guede y Maximiliano Gamarra con su proyecto “Edcom”.

Finalmente, se presentó el proyecto “Macetero automático electrónico personalizado, MAEP” de Meylinne Barrales, Magdalena Calderón, Nicole Baeza y Angélica Linco, que consiste en un macetero inteligente de automatización remota, que permita controlar variables como luz y humedad mediante una aplicación móvil.

Tras las presentaciones, el jurado compuesto por Catalina Acevedo, Iris Solórzano y Rodrigo Hanemann, profesionales del área de Educación de Fundación Telefónica, deliberó y premió a los tres proyectos que cumplieron de manera más completa con los criterios de impacto social, creatividad y proyección.

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El tercer lugar fue para el proyecto “R.D.A, reutilizador de agua”, de las estudiantes del Liceo Técnico Las Nieves de Puente Alto.
El segundo lugar lo obtuvo el grupo del Colegio Didascalio Santa María de La Pintana con su proyecto “New Bip”.
Y el primer lugar fue para Edcom, de Karla, Belén y Maximiliano. El jurado destacó de este proyecto el impacto y compromiso social de su propuesta. Ellos recibieron como premio $600.000 para implementar su emprendimiento.
A nombre del grupo, Karla agradeció a Fundación Telefónica por las herramientas entregadas, en especial a las tutoras Marisol Horta y Pamela Pérez, quienes los motivaron a trabajar en equipo con mucha pasión.

Eugenia Arellano, coordinadora de esta comunidad, destaca que uno de los principales objetivos de esta experiencia es promover el emprendimiento como una alternativa real de desarrollo profesional, social y económico entre los jóvenes de educación media. “Gracias a esta experiencia se gestaron grandes ideas innovadoras de 21 jóvenes que buscaban hacer frente a una problemática de su entorno inmediato. Nuestra invitación a los ganadores y a todos los integrantes de la comunidad es a creer en sus sueños, ya que el futuro es de ellos. Este no es el fin de una etapa, sino el comienzo del camino que construirán con creatividad, convicción, tenacidad y pasión”, agregó.

En la ceremonia estuvo presente también Juan Cristóbal Zagal, ingeniero y profesor del Fab Lab de la Universidad de Chile (Fab Lab 851), quien presentó las creaciones que han surgido en este lugar de innovación y emprendimiento, e invitó a los jóvenes a participar en este espacio de acceso público y gratuito.

Por su parte, Cristian Bravo, jefe de proyecto Educación e Innovación de Fundación Telefónica, comentó la gran oportunidad de los participantes de crear prototipos robóticos y emprendimientos propios, de manera creativa e innovadora, demostrando un avance en comparación con procesos similares de otros países y desarrollando habilidades para la vida, que es uno de los principales objetivos de la Fundación.

Al cierre de la ceremonia, los presentes pudieron recorrer la muestra de los prototipos robóticos que crearon durante el año, instancia en la que los familiares de los jóvenes pudieron conocer a los tutores que trabajaron junto a sus hijos e hijas y conocer con orgullo los detalles de sus creaciones.

Creatividad e innovación se lucieron en el cierre de las Comunidades
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