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Descubre Intangibles, nuestra nueva exposición virtual de la Colección Telefónica que te invita a interactuar con obras seleccionadas de Picasso, Gris, Blanchard, Magritte, Matta, y Torres García.

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Pablo Picasso. ‘Le Peintre au travail’

 

Pablo Ruiz Picasso (Málaga, 1881-Mougins, Francia, 1973) es, sin duda, el creador más influyente del siglo XX. Sus inicios están marcados por las corrientes artísticas dominantes a finales del XIX, el simbolismo y el modernismo, y por pintores como Degas o Toulouse- Lautrec. Dentro de ese espíritu, pero ya con una personalidad propia, hay que situar los conocidos como períodos Azul y Rosa.

Sin embargo, la figura de Picasso, junto con la de George Braque, está indisolublemente unida a uno de los procesos de cambio más importantes del arte contemporáneo: el cubismo.

Dotado de una prodigiosa vitalidad creativa, Picasso  trabajó hasta el final de su vida. Aunque el cubismo siguió presente en su obra, atravesó periodos clasicistas, donde rindió homenaje a pintores como Goya, El Greco o Velázquez.. Le peintre au travail es un lienzo de su última etapa, en la que las referencias a obras clásicas y la reflexión sobre su oficio de artista o la relación del pintor con el modelo son constantes. Con un trazo libre y esquemático, representa a un pintor que puede ser el propio Picasso o un homenaje a Rembrandt, a quien Picasso siempre admiró.

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René Magritte. ‘La Belle Société’

 

Los surrealistas compartían un mismo objetivo, pero diferían en el método para lograrlo. Siguiendo las directrices de André Breton, todos ellos aspiraban a expandir los límites de la realidad incorporando la experiencia de los sueños; liberarse del corsé de la razón y abriéndose al deseo y la intuición. En cuanto a los procedimientos, unos optaron por investigar nuevas técnicas para crear obras dictadas por el azar, mientras que otros prefirieron trastocar los mecanismos tradicionales de la percepción sirviéndose de medios convencionales. Entre los primeros destacaron Max Ernst, Roberto Matta o André Masson; los más claros exponentes de la segunda corriente fueron Dalí y dos pintores belgas: Paul Delvaux y, especialmente, René Magritte.

A diferencia de Dalí, Magritte (Lessines, Bélgica, 1898 – Bruselas, 1967) no trató de hacer enigmático su trabajo como pintor. En 1962 decía: «Mi pintura es lo contrario del sueño, ya que el sueño no tiene la significación que se le da. Yo no puedo trabajar más que en la lucidez. Esta viene sin que yo lo quiera. A eso se le llama también inspiración.».  La Belle Société incluye elementos recurrentes en su iconografía: el hombre con bombín, que aquí aparece en dos siluetas, y el paisaje con nubes. Y echando mano de su recurso habitual, la evocación del misterio de la que hablara el artista se consigue yuxtaponiendo estos dos mudos tan ajenos.

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María Blanchard. ‘Nature morte cubiste’

 

Una de las pioneras de las vanguardias de inicios del siglo XX, María Blanchard (Santander, 1881-París, 1932) sigue siendo una artista bastante desconocida, a pesar de sus extraordinarios méritos. Contribuyó a esta escasa visibilidad el que a su muerte su familia retirara sus obras del mercado, y el desdén de la crítica, tradicionalmente masculina.

A los 22 años se traslada a Madrid, donde comienza su formación artística, y en 1909 fija su residencia en París, ciudad en la que desarrollará su obra y llevará una vida marcada por la precariedad. El pintor mexicano Diego Rivera, con quien compartió casa, diría de ella: “Su paso por el cubismo produjo las mejores obras de este, aparte las de nuestro maestro Picasso”. Nature morte cubiste, pertenece a la última parte de su periodo cubista. Apenas un año después de pintar este cuadro, María Blanchard inició una nueva etapa figurativa, que continuará hasta el final de su vida. El bodegón es un género recurrente en los cubistas, como antes lo fuera para los pintores barrocos, y les permite centrarse en los aspectos puramente formales, pues los motivos son siempre objetos cotidianos. Aquí esos objetos -la sartén, la copa, la mesa- aparecen de manera esquemática, con trazos muy finos que delimitan superficies de colores planos.

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Juan Gris. ‘La guitare sur la table’

 

A Juan Gris (Madrid,1887-Boulogne-sur-Seine, Francia, 1927) se le suele presentar como el tercer gran cubista, el otro miembro, junto a Picasso y Braque, del grupo de pioneros que abrió la senda del cubismo. Juan Gris llegó a París en 1906, y conoció a Picasso en el momento en que el pintor malagueño comenzaba a dar un giro radical a su obra con Las señoritas de Avignon. Aunque en sus primeros pasos en el cubismo siguió la estela de Picasso, pronto destacó por su carácter cerebral y analítico, por plantearse el acto creativo de una manera mucho más intelectual que los dos grandes líderes del cubismo.

Por otra parte, Gris siempre se distinguió de sus dos compañeros por su condición de colorista, especialmente en los momentos en que Picasso y Braque hacían una pintura casi monocroma. Gris abandona pronto las formas facetadas y la búsqueda de la representación de la tercera dimensión sobre la superficie plana del lienzo, que caracterizan a la primera fase del cubismo, para componer obras que el propio autor definió como de “arquitectura plana coloreada”. En este espacio realiza un juego de correspondencias entre formas idénticas para representar objetos diferentes, que el pintor denominó “rimas plásticas”.

 

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Juan Gris. ‘La fenêtre aux collines’

 

Juan Gris fue, además, un defensor apasionado del color. Sus primeras incursiones cubistas escaparon de la tendencia monocromática de Picasso y Braque con tintes rosas, verdes y azules que iluminaban las composiciones sutilmente, como puede verse en el cuadro de 1913 Verres, journal et bouteille de vin. Con los años, liberó su paleta paulatinamente hasta llegar a la riqueza cromática de la década de los veinte, que denota un uso del color especialmente audaz, incluso estridente, como en el vestido rojo de La chanteuse.

Tanto la reivindicación del color como el empleo de ciertos motivos ajenos al bodegón tradicional, como la ventana abierta, supusieron un golpe de aire fresco para el movimiento. Gris decía emplear un «método deductivo» que consistía no en hacer de la botella un cilindro como Paul Cézanne, sino en hacer de un cilindro una botella, es decir, obtener la figura a partir de la abstracción. Su método, en apariencia científico, incorporaba un recurso poético al que llamaba «rima plástica», una pauta de movimiento que aplicaba al contorno de determinados objetos hasta hacerlos rimar. En La fenêtre aux collines, las volutas de la barandilla, la línea de horizonte, los pliegues del cortinaje, el relieve de la copa y las cuerdas del violín se funden en una cadencia rítmica que se aparta de la estricta composición cubista para acercarse a la música.

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Joaquín Torres-García. ‘Constructivo en blanco y negro «TBA»’

 

Joaquín Torres García (Montevideo, 1874 -ibídem 1949) fue el creador de la corriente artística denominada Universalismo Constructivo. Su trayectoria creativa comienza en Barcelona, donde llegó a ser una de las figuras más representativas del Noucentisme, un movimiento cultural catalán que en arte propugnaba una vuelta al clasicismo. Tras residir en Nueva York, en 1926 se instala en París y su pintura prescinde de la representación de la realidad y se hace abstracta.

En la capital francesa Torres García formaría el grupo Cercle et Carre, con el propósito de integrar los aportes de movimientos artísticos divergentes, y en parte antagónicos, como el Cubismo, el Neoplasticismo y el Surrealismo. Pese a ser amigo de Piet Mondrian, la obra de Torres García posee un carácter expresivo muy alejado de la frialdad intelectual que caracteriza al pintor holandés.

Un elemento esencial del arte constructivo universal, en el que Torres García profundiza tras regresar a Montevideo en 1934, es el recurso a la proporción áurea. Pero para el artista, la construcción de la obra sobre una relación geométrica no es solo una herramienta compositiva; también es la expresión material de la interrelación que existe en el universo entre las partes y el todo.  De esta forma, la obra de arte sería, en esencia, “un testimonio” de esa unidad.

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Roberto Matta. ‘Psychological Morphology’

 

Roberto Matta (Santiago de Chile, 1911- Civitavecchia, Italia, 2002) fue uno de los que más radicales defensores de lo que se vino en llamar pintura automática, aquella en la que artista dejaba que el inconsciente se expresara de manera libre y sin mediaciones. Aunque Matta había estudiado arquitectura en su país, y trabajó en Suiza con Le Corbusier, el contacto en París con Magritte, Picasso y Miró le hizo interesarse por la pintura, y en 1938 participó en la Exposición Internacional del Surrealismo que se celebró en esa ciudad.

De esa primera etapa dentro de la ortodoxia del grupo –Breton lo expulsaría en 1948- son sus morfologías psicológicas, que el gran gurú del surrealismo definiera como “exponentes del automatismo absoluto”. Son obras de un vivo colorido que se alejan de las preferencias figurativas de la mayoría de sus compañeros, y anticipan movimientos artísticos de la segunda mitad del siglo, como el expresionismo abstracto. El artista Marcel Duchamp, con el que Matta mantuvo una buena relación, lo definió como el pintor más profundo de su generación, y, elogiando su carácter innovador, dijo que su obra era “un combate contra todos los obstáculos de la pintura al óleo, medio de expresión que se presta a interpretaciones centenarias”.

 

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Continuamos así la experiencia de ‘Intangibles. Una exposición digital de la Colección Telefónica’, un proyecto experimental innovador que nace como respuesta a los retos que surgen así de la revolución digital y sus imparables cambios, e invita a responder a estas preguntas a través de la reinterpretación de obras de artistas de la Colección Telefónica.

Colección Telefónica se inicia en los años 80 para promover el reconocimiento de una serie de artistas españoles poco representados en los museos estatales. Se adquirieron entonces obras excepcionales de Juan Gris, Tàpies, Chillida, Picasso y Luis Fernández y a lo largo de las dos décadas siguientes, la Colección se va ampliando y abriendo a otros caminos artísticos. Actualmente, la Colección Telefónica se compone de un conjunto de más de 1.000 obras entre pintura, escultura, fotografía y obra en papel.

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